[Por Francisco González Brizuela]
[Ilustración de Cecilia Berry]
Reconozco que soy uno de esos lectores que muchas jornadas acuden a la cadencia del colectivo para arropar sus lecturas. Es más, podría defender a ultranza ese espacio frente a las apologías de la hamaca, una silla o la cama (ni qué hablar de leer en la playa, dejémonos de joder).
Pero hay que reconocer que si se trata de una novela de 900 páginas, como Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, de Haruki Murakami, quizá ese ritual complique un poco las cosas. En especial si uno debe viajar parado. Más aún en esta hora pico promiscua en roces de cuerpos que no se atraen. Sin embargo, es posible y hasta recomendable. Puede verificarlo quien quiera, pese a las dificultades que no voy a negar: se marcará demasiado el lomo (del libro, claro está), se ensuciará alguna página con sudores propios o ajenos, se interrumpirá la lectura más de lo que uno desearía. Pero también, hay que decirlo, se matizará cada espera y cada soporífero viaje en ese transporte público nuestro, tan reacio al buen gusto.
Esta obra del autor japonés, tan promocionado en los últimos años, es un convite a delirio polifónico. No por la alternancia de voces narrativas, sino por la irrupción continua de personajes intrigantes que se suman a la trama con aportes que van diluyendo más y más el límite entre la vigilia y el sueño. Esa frontera será frecuentada cada vez más, tanto por Tooru Okada –el joven treintañero en cuestión– como por el lector, quien probablemente a esta altura ya se habrá pasado de la parada en la que debía bajarse. ¿Te ha pasado alguna vez? No pienses que se trata de un alud de originalidad. Por el contrario, es algo frecuente. Sólo que es mejor andarse atento, porque en lo frecuente suele colarse lo extraordinario, y en determinado momento… ¡Zas!: se abre una posibilidad, una veta distinta.
En la novela se transita la crónica de ese cambio radical en la vida de Okada, partiendo también de elementos bastante habituales: un trabajo rutinario, una renuncia que al principio aporta alivio y luego tedio; un matrimonio apacible con secretos que crecen en silencio; un vecindario con historias por conocer; la desaparición de una mascota que se aprecia más cuando no está.
Y también un pájaro.
El trino de un pájaro que prevalece sobre los ruidos de la ciudad con un sonido que parece dar cuerda al mundo; un mundo que al ponerse en movimiento desempolva asuntos pendientes, reinstala relaciones familiares poco gratificantes, traza paralelos con el pasado y hace tambalear las certezas hasta hundirlas en las profundidades de ese pozo que todos llevamos adentro.
Hablando de pozos, el chofer acaba de comerse otro. Gracias, Giacomino. Permiso, me bajo en la próxima.
Crónica del pájaro que da cuerda al mundo
Tusquets Maxi
905 páginas -$60-
Aperitivos
Cine: Bird - Clint Eastwood (1988).
El film recrea parte de la vida de Charlie Parker, ese ícono del jazz considerado por muchos como uno de los mejores saxofonistas altos del género. Con maestría narrativa y un guión impecable, la película repara en la vorágine que la fama desata tras la llegada de “Bird” a Nueva York, en 1940. Todos los excesos y matices que ello supondrá en la vida de este músico genial quedan plasmados con dramatismo e intensidad.
Música: Giant Steps - John Coltrane (1960).
Un clásico muy recomendado para aproximarse a esos recorridos poco usuales para nuestros oídos que caracterizan al jazz en general, y en particular a un jazz libre del que Coltrane es precursor. Allí puede uno buscar Spiral, diluir el silencio y dejarse cautivar por ese saxo que conduce en un encantamiento ondulante hacia profundidades en las que no nos importaría permanecer.









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(más caritas felices) Fran, tendrías que dictar un curso sobre cómo provocar sonrisas en los lectores…y cómo mantenerlas intactas eligiendo las palabras exactas… genial! Besos
Francisco, me gustó tanto tanto tu crítica que en breve me lo voy a comprar al libro. Ahora, si yo no tengo el hábito de leer en el colectivo (no porque no lo haya hecho, no porque no lo haya disfrutado en otras épocas, simplemente porque no tengo destinos lejanos a los que trasladarme) el libro me irá a gustar lo mismo? Me pregunto en voz alta…
Negra: perdón por el cuelgue pero pasé por un período de desintoxicación de conectividad…gracias por tu comentario y por sonreir conmigo; seguramente te habrás identificado con algunas cosas, ¿no? Besos para vos también.
Bárbara, tal vez lo disfrutes aún más ya que si te atrapa como a mí no habrá vecino de asiento, vendedor ambulante o perfume invasivo que te distraiga. Contanos después qué te pareció. Saludos.