Por José Heinz

¿Hay algo mejor que te paguen por ir a restaurantes? ¿Es tan divertido como parece? Hablamos con críticos gastronómicos de Córdoba.
El periodismo –o para ser más precisos: eso que nos muestran los medios– es una profesión tan elástica que su ejercicio puede deparar actividades muy diversas. Digamos que como periodista o comunicador se puede ser analista económico, movilero en la Legislatura o corresponsal de guerra, con los riesgos y beneficios que supone cada uno. Dentro de ese abanico de posibilidades, y siempre por parte del imaginario colectivo, algunas de estas prácticas despiertan una envidia que nada tiene que ver con la sana. Por caso, el cronista deportivo (“¡Nooo…! ¿¡En serio te pagan por ir a ver a la Selección!?”) o el periodista de espectáculos, que entrevista a las estrellas del showbizz y nunca garpa su entrada a los recitales.
Más modesta y alejada del hervor popular que despierta el fútbol o el rock, hay otra rama periodística que vista de reojo parece ser el trabajo más piola del mundo: el de crítico gastronómico, aquel que escribe sobre todas esas delicias que tiene la suerte de probar. Claro que esto puede ser un prejuicio, es por eso que Circuz, al igual que el pueblo, quiere saber de qué se trata. ¿Será tan bueno como pinta?










