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Porno cordobés

Fotos y texto de Martín Baez

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A un reportero gráfico se le cumplió el sueño del pibe y presenció el rodaje de una peli condicionada. La filmó en nuestra ciudad una productora local que ya lanzó al mercado europeo títulos como Enfermeras a Domicilio y Reventando Colas 1, 2 y 3. La alegría no es sólo brasilera.

Era una mañana de otoño que parecía invierno. En pleno centro cordobés me tenía que encontrar con Martín Vicet, director de cine porno de la productora Taccon 7. Martín estaba por comenzar a rodar una nueva peli y yo quería ver de qué se trataba. La idea era acompañarlos a él y a los actores en el rodaje.

Me avisó que las escenas de sexo serían al día siguiente, pero que igual íbamos a dar unas vueltas en un auto rural (con tres filas de asientos) por las calles del centro, para hacer las primeras imágenes del metraje.

Qué tendrá el petiso. Los primeros en subir son dos novatos, él se llama Diego y parece un poco nervioso; ella, Cintia, está más tranqui. Martín les da un par de indicaciones y enciende la cámara. Diego lo mira y pregunta: “¿No hay guión?”. “No, flaco, acá hay que improvisar, esto es porno”, responde el director. Entonces se presentan como estudiantes universitarios y dicen que están para disfrutar el momento. Los diálogos son malos, pero resultan graciosos.

Llevamos tres kilómetros recorridos cuando el director le pide a la chica que “atienda” a Diego y, sin ningún problema, éste se baja los pantalones. Cintia comienza la fellatio.

Ellos parecen tranquilos, pero yo, en cambio, estoy más nervioso que todos juntos, porque desde la calle se ve todo. El director dice “corten” y los felicita: “Bien, Cintia, muy suelta… bien, flaco, buena erección, seguimos mañana”. Diego queda más caliente que una pava.

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Pantorrillas de marfil. Después conozco a la segunda pareja. Matías también es novato, pero está tranquilo; Lola es toda una profesional y maneja muy bien la situación. Hacemos lo mismo, damos unas vueltas en el auto, pero esta vez es más corto: van derecho a los bifes. Nos detiene un semáforo y el conductor del auto de al lado no puede creer lo que está viendo: sí, es un pete y Martín lo filma como si estuvieran en una habitación de su casa.

Más adelante paramos para hacer unas imágenes en la calle, justo en frente de un edificio en construcción. Lola está vestida muy sexy, y los albañiles le chiflan descontrolados cuando se baja del auto. Le piden que suba a la obra y ella, para dejarles un regalo, se levanta la remera y les muestra las tetas. “¡¡Nooooooooooooo!!”, gritan los muchachos, agarrándose la cabeza. “Corten, seguimos mañana”, remata el director.

No me hables de amor. Es una mañana de otoño, pero parece verano. Quedamos en encontrarnos en un boliche swinger ubicado al oeste de la ciudad. Tiene dos pisos y es justamente arriba donde están filmando. Subo la escalera con cuidado para no hacer ruido y lo primero que veo me arruina el día: un tipo en bolas masturbándose para que no se le baje.

Diego está en plena escena con Alana, una profesional de la pornografía y mujer de Martín, el director. Cortan para cambiar de posición, retocar el maquillaje y para que entre Martín a escena. Ahí me explican que esto es “gonzo”, género del porno en el que el camarógrafo o director puede intervenir hablando o siendo un actor de la película.

Sigue el rodaje mientras Lola, Mía, Cintia, Matías, Juan y Oscar miran y esperan su turno. En el set improvisado abundan las cajas de forros y los cuerpos sudados. Llega el momento de acabar; es Diego quien tiene la responsabilidad de terminar la escena. Le cuesta y al final llega, pero en silencio. Entonces, Martín emite unos gemidos falsos para salvar el sonido de la toma.

Cambian los actores, entra Mía con Matías y Juan mientras Oscar hace girar su miembro como si fuera la paleta de un ventilador. Mía, una profesional, encara a los varones y les dice: “Vamos, loco, que hay que filmar como sea. Y puteen un poco porque esto es porno, no amor”.

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A poco que debutó, Maradó, Maradó. Mientras Diego descansa un rato, le pregunto cómo se siente. Me asegura que como Maradona: “Él quería jugar un mundial y yo quería hacer esto”. De fondo se escucha a Mía, que se queja porque la despeinan. Martín llama de nuevo a Diego y él responde con cara de chico con juguete nuevo; ahora son tres con Mía.

El director les pide a los actores que usen un castellano neutro, “porque esto es para España”. Pero en el fragor de la batalla, a Juan le sale el cordobés de adentro yse le escapa un “¡cómo te gusta la chilampi!”.

Las horas pasan, se cambian las parejas, los lugares y el filme sigue su curso. Yo ya me cansé de ver tantas tetas y porongas y los dejo solos, hasta una próxima película.

Quién es

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Martín Baez nació en Río Cuarto en 1975. A mediados de los ‘90 dejó la universidad para entrar a trabajar como reportero gráfico en el diario Puntal y colaborar en la corresponsalía de La Voz del Interior. En 2002 se mudó a Córdoba para formar parte de staff de La Voz. Hace poco se recibió de padre de Malena.

3 respuestas a Porno cordobés

  1. Pingback: Correo: ¿Periodistas en su rol?

  2. lucho dice:

    muy simpatica la nota. Me gusto

  3. Me alegro, Lucho. Un abrazo

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