[Por José Heinz]
[Fotografía: Agustín Medrano]

El de Marcelo Pellizo es un caso clínico bastante curioso: tiene la cabeza llena de monstruos. Pero su forma de librarse de ellos no pasa por recostarse en un diván y hablar hasta determinar su origen, sino dibujarlos. Sobre un papel, un lienzo o una pared, dibujarlos.
Y así van coexistiendo con él, amistosamente, apropiándose del espacio hasta ser parte indivisible de su vida. “El concepto madre de mis monstruos es el Cuco, viene de ese imaginario infantil donde uno piensa en cosas indefinidas –explica sobre sus trabajos el mismo Pellizo–.
Algo mitad hombre, mitad bestia; que a su vez es amigo, pero te da miedo. Esa cuestión psicológica de la niñez, de los amigos imaginarios. Viene un poco por ahí, es como sacar esa cuestión bastante cruda que uno tiene adentro y llevarla a un plano lúdico. Como el movimiento del toy art, el diseño de juguetes para adultos, recuperar el aspecto infantil de lo lúdico, pero con una mirada más irónica, más relacionada a cuestiones de adultos, como hablar de la muerte o el sexo. Y a la vez tiene mucho de naif, la intención no es generar pánico.”
Trabajar es un placer
La charla se desarrolla en Espacio Canvas, un estudio-escuela de Alta Córdoba en el que el ¿diseñador? ¿artista? ¿dibujante? busca instaurar un lugar de convivencia interdisciplinaria. Es evidente que encasillar su labor plantea un desafío.
“El mundo del diseño está en un estado de crisis en cuanto a la identidad, y eso viene por el hecho de que hay demasiadas alternativas, mucha diversidad de cosas dando vueltas. Algo que nos caracteriza a los diseñadores gráficos, fotógrafos o artistas plásticos es la curiosidad, que hoy en día está magnificada por la facilidad de la obtención de la información. Hay una fascinación por investigar, por querer saber qué pasa en otros lugares. Todo eso hace que quieras realizar un poco de todo. Esto nos divierte, nos cuesta asumir que es un trabajo. Veinte años atrás, el diseñador era un profesional con un rol muy específico y muy claro, ahora hay dudas hasta de cómo se denomina a sí mismo. Hace un tiempo, le preguntaron a un diseñador, mientras hacía un mural, cuál era su actividad. Él respondió que era un diseñador multidisciplinario: me identifico con eso, más que decir que soy diseñador que además dibujo o pinto.”
Referentes
“Estoy un poco decepcionado de mis referentes. Si bien en Argentina el diseño tiene cerca de 50 años, es como si todavía no encontrara una postura definida.
Hoy te encontrás con que muchos de los que ayudaron a construir parte de nuestro campo teórico, están en clara contradicción a lo que siempre dijeron. Algo lógico en alguien que quizá está en una situación de crecimiento o haciendo sus primeras experiencias, pero no para referentes que supuestamente tiene las cosas muy claras.
Notar esos cambios de posición me hacen ruido, sobre todo viniendo de gente como Norberto Chaves que hace 15 años proponía cosas que hoy critican. Creo que nuestro marco teórico debería ser revisado, no podemos trabajar con conceptos de hace 20 o 30 años cuando la comunicación tenia otro contexto, otro alcance.”
“Shigeo Fukuda –continúa Pellizo y muestra un autógrafo del japonés– es reconocido como uno de los diseñadores que mejor supo conjugar el arte dentro del diseño. No era un diseñador que tuviera un discurso teórico, sino que simplemente mostraba su postura a través de su obra.
Por esa coherencia y simpleza en su trabajo es uno de mis pocos referentes, de los que me dejaron una huella.”.
¿Y en casa cómo andamos?
Una de las aristas del diálogo pasa por las posibilidades concretas de trabajar del diseño en Córdoba. ¿Cómo viene la mano? “Hay dos respuestas a eso: por un lado está muy difícil para los egresados que tengan una actitud pasiva, sin un portfolio, sin nada que deje a la vista su capacidad y compromiso con el diseño. La segunda respuesta es que Córdoba presenta muchas oportunidades y espacios de trabajo, pero sólo para aquellos que tengan un perfil definido, con mucha producción, experimentación, curiosidad por todo lo que nos influye como comunicadores. Para esta gente no hay limitaciones en cuanto a oportunidades, porque son imprescindibles para el mercado laboral y no únicamente de Córdoba.”
A exponerla
¿Es descabellado pensar en una exhibición de diseñadores gráficos locales en un museo cordobés? ¿Hay apoyo oficial para disciplinas de este tipo? “El apoyo llega en función de la seriedad, la constancia y la coherencia del trabajo de cada uno. Si todavía no llegó apoyo para toda esta movida nueva es quizás porque ni nosotros mismos nos ponemos de acuerdo en cómo presentarnos y generar una continuidad en la obra. En ese sentido, creo que Buenos Aires está mucho más organizado, están logrando mayores espacios, tienen una trayectoria mayor. No digo que estemos haciendo las cosas mal, sino que tal vez nos falta un tiempo de maduración como para que podamos demandar espacios.
Hoy por hoy, reclamar una exposición en un museo sería pretencioso. Nos tenemos que animar a que haya más circuitos y terminar de confirmar nuestro status cultural.”
Finalizada la entrevista, llega el momento de las fotos, en las que Pellizo posará junto a sus diferentes universos gráficos. Por allí reaparecen sus monstruos, en los estantes y las paredes, entrañables criaturitas, observando desde diferentes ángulos cada instancia de la conversación. En Canvas pasan cosas así.
Mirá la tapa que hizo para Circuz
Marcelo improvisó esta tapa en el stand de Circuz, durante el festival ¡De-Acá!









una masa profeeeeeee!”!! genial la nota! y genial la tapa!!!!!