Luisito, el de los bondis
Por Hernán Laurino – Ilustración de Diego Villa

La pose es un clásico de ganador. Toma el peine verde y trata de acomodar esos rulos rebeldes. Sus largos pelos rememoran alguna época de bailes en Atenas o la Sociedad Belgrano. Pispea si viene el A5. Sigue con un pie en el piso y el otro apoyado en forma de V en el árbol.
En sus manos hay un minicomponente. Ese aparato, una parva de CD y su boca son las armas para sobrevivir. “Capo, esto está muy duro. Muy difícil”, dice. “La verdad que no te voy a dar la nota, porque por ahí algunos colegas van a salpicar la bronca. Como que ando destapando el negocio. Porque esto que vendemos es trucho. Eso lo saben todos”, afirma Luis, un desocupado de 45 años que está más ocupado que cualquiera. “Ahí viene el bondi, otro día la seguimos”, se va.
Ese “otro día” es hoy. Luis reconoce las caras como a los buenos vinos. “No me olvidé de vos. Te dije que no te iba a dar la nota. Mirá que me llamó el Lagarto, de Canal 12. Me buscaron de Canal 8, también Rony para hacerme una entrevista. Pero no, a nadie. Si no se la di a Rony, no te la voy a dar a vos”, remata.
Se trepa al colectivo. Llega la coima para el chofer (“Acá tenés uno de Julio Iglesias, para la patrona”) y empieza. “Señores y señoras. Disculpen que les quite un segundo de su amable atención. Pero lo que estoy ofreciendo realmente es un producto de calidad. Grandes cantores. Grandes artistas. Éxitos de ayer y de hoy. Y no solamente les ofrezco el audio, sino que acompaña el video-clip de cada tema. Imperdible”.
Una señora que anda con varias bolsas de un súper levanta la vista cuando escucha el apellido Perales. “Son tres por 10 pesitos. Nada más. Y llegará a su casa y podrá deleitarse con música de otro mundo”.
“Uno por aquí… ¿No tendrá uno de 10?, no tengo vuelto… Dos por allá. Gracias, gracias”… Dos minutos de charla con el chofer y otra vez a la mansa espera.
“Yo te puedo decir que soy un gran vendedor. Un mago de la palabra. Pero acá todo está en cómo digas las cosas. En tu convencimiento. Si yo creo que vendo unos compact disc de la puta madre, la gente va a pensar que son de la puta madre… Si no, estoy perdido, pibe”.
Sale del bolsillo trasero de su jean el peine verde. Dos pasadas por lado y la pierna que se apoya en V en el árbol. “Te dije que no te voy a dar la nota. Tenés cara de buen pibe vos, eh. Te dejo tres por ocho pesitos. Pero con cambio, eh. Upa, ahí viene el A8. Otro día la seguimos. Chau, nene”.
Se asoma el A5. Se trepa en el bondi con su estirpe de ganador nato. Con esa cabellera que alguna vez flameó en Atenas o en la Sociedad Belgrano. Ahora, en un colectivo. Uno más.










Alejandro dijo, 26/09/2009 @ 17:23
Ami esos tipos no me caen bien… Pero esos que “venden que son de la fundación RENACER” son peores… cuando llegan al fondo del colectivo y nadie les “colaboró” empiezan a putear por lo bajo…
Y los otros, los que venden los CD/DVD truchos MOLESTA DEMASIADO cuando ponen el volumen al palo, con una calidad de sonido muy muy pedorra…
Deberían analizar si en vez de “ganar clientes” no los están perdiendo. Creo que si fueran más amables y no tan “garcas” podrían mejorar mucho “el negocio”.