Doble vida: Luisa Ahumada
[Por Paula Jimenez]
[Fotografía: Grupo Atrezzo]
Luisa Ahumada tiene 25 años y estudió Comunicación Institucional en la Blas Pascal. ¿Su doble vida? Escribir para ella y para quien se anime a leerla.
Tiene una mirada inquietante y, a la vez, una serenidad especial al hablar. Mitad ternura y mitad misterio. Así es Luisa, un alma cargada de sensibilidad que crea mundos a partir de las palabras para convivir con ella misma y con los demás. “Escribo en soledad, generalmente de noche. Armo un escenario con té de tilo o mate y un par de cigarrillos”, cuenta.
Admite ser una persona muy estructurada y organizada que sólo al escribir logra alejarse para inventar otras realidades y vivirlas con total libertad. “Escribir, para mí, es hacer catarsis, es ser libre, y manifestar esa libertad en papel me hace enteramente feliz. En la literatura encuentro una forma de vivir. Las palabras son mi vida, mi oxígeno. Con ellas me defiendo del mundo real, del cotidiano. Escribo con el alma, y por vivirlo tan libremente no puedo encasillarme en un género o un estilo”.
Lejos de esconder lo que escribe, editó su primer libro, Ciclotimias, como una forma de legitimarse frente a su mundo y al de los otros. Tanto el libro como el blog llevan ese nombre porque sus textos oscilan como un péndulo entre los extremos de la depresión y de la hipomanía, entre la tristeza y la felicidad. Estados a los que llegamos casi a diario.
La doble vida de Luisa cabe en una habitación a oscuras y frente a un monitor, donde sólo se escucha el ruido de sus manos sobre el teclado. Único ruido que construye y que, simplemente, ama.
Madrugada de mayo
Dos de la madrugada
Otra vez té de tilo y diez cigarrillos
Contaminación diaria dosificada
Retumban sus palabras de amor
Imágenes del contorno de su cuerpo
Penumbras, de esa noche y de esta
Agendas cotidianas extendidas
Estirar el tiempo es la consigna
Suena con amplificadores
Tantos sueños me quitan el sueño
Tantos miedos bajo mi cama esta noche
Duendes que aparecen y bailan
Recuerdos y porvenires
Extraño a mamá acariciándome
Extraño la inocencia perversa
De una infancia que se aleja
Con cada alarma del despertador
Ciclos y etapas, escaleras adelantadas
Me calzo los zancos para alcanzarlas.
Miro alrededor, no hay más refugio que yo.
Frío invernal y soledad nostálgica.
Ahora somos tres.
Buzón vacío
Anoche te picó la soledad.
Llamaste y no atendí.
A mí ya me había matado.
Mirá más trabajos de Luisa en: luisaahumada.blogspot.com/











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