[Por José Heinz]
[Fotografía: Agustín Medrano]

El de Marcelo Pellizo es un caso clínico bastante curioso: tiene la cabeza llena de monstruos. Pero su forma de librarse de ellos no pasa por recostarse en un diván y hablar hasta determinar su origen, sino dibujarlos. Sobre un papel, un lienzo o una pared, dibujarlos.











