Por Hernán Laurino – Ilustración de Diego Villa

La pose es un clásico de ganador. Toma el peine verde y trata de acomodar esos rulos rebeldes. Sus largos pelos rememoran alguna época de bailes en Atenas o la Sociedad Belgrano. Pispea si viene el A5. Sigue con un pie en el piso y el otro apoyado en forma de V en el árbol.
En sus manos hay un minicomponente. Ese aparato, una parva de CD y su boca son las armas para sobrevivir. “Capo, esto está muy duro. Muy difícil”, dice. “La verdad que no te voy a dar la nota, porque por ahí algunos colegas van a salpicar la bronca. Como que ando destapando el negocio. Porque esto que vendemos es trucho. Eso lo saben todos”, afirma Luis, un desocupado de 45 años que está más ocupado que cualquiera. “Ahí viene el bondi, otro día la seguimos”, se va.
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